viernes, 9 de octubre de 2009

SERGIO FARRAS HABLA DE BELÉN ESTEBAN




Quédate con mi mentira, que yo me quedo con tu verdad.
BELÉN ESTEBAN Y LA FARÁNDULA DEL CORAZÓN

Los programas del corazón suelen ser los escenarios de la sinrazón, que como los espejos, suelen reflejar una necesidad de los ojos del que se mira, la que suele engañar al ego de las más bajas pasiones, reconociendo sólo la imagen que se quiere ver y no la de que es real. Eso sí, estos exitosos programas caminan con envidiables audiencias que les siguen a ciegas, como el lazarillo sigue a su amo por un camino de empedrado trillado. Como en una profesión, el penitente espectador acompaña como embriagado y absorto por las desdichas y miserias de los unos y los otros, y puestas en escena las miserias de aspirantes a famosos que hacen aumentar el prime time, que es medida de saberes y agrados.

Belén Esteban, donde parece que los platós últimamente suelen ser su ser natural, es mujer de moda y actualidad de la comedia más autóctona. Fuente de estimulación y excitamiento popular. De profesión madre y ex compañera sentimental de aquel torero de Ubríque venido a menos. Que ahora, más que jugarse la vida en ruedos y plazas de España entre las suertes de las verónicas y los recortes de la lidia, el Jesulín, anda confundido y haciendo oficio para amortiguar su sentimental y agitada vida a la que un día le puso semilla. Siendo el toro su menor preocupación.

Desvirtuando la realidad a gritos y pataleos se gana el interés de el pueblo que va necesitado de miserias e infortunios de sus semejantes en ciclos de crisis. En estos programas el llanto siempre apena al erudito espectador, y el hablar de sexo instintivo y de baja alcoba ayuda a completar el triste acto escénico de divas y estrellas de superficiales vidas, buscando la virtud de lo que le llaman fama a golpe de lo que desean y carecen. A veces, parece que hay fuegos que se suelen apagar con otro fuego.

. ¿Me entiendes?... La Belén Esteban, lejos de ser musa e inspiración de pintores y poetas renacentistas se expresa con lengua desmedida, importándole poco el sentido de lo estético y de apariencia agradable a la vista y de los oídos, que se hacen ciegos los unos y sordos los otros.
“Ambiciones”, que se ve que es una finca rupestre de donde parte la sabiduría popular, como un punto cero del farandulismo más anacrónico, de versión mediocre de culebrón y telenovela melodramática, es cómo una obsesión para la Esteban. Que sin la virtud del perdón ni la gracia de la indulgencia de su pasado, le saca el jugo y la renta de la España de las panderetas y de las castañuelas. Esta mujer suele expulsar al diablo por la boca, que es orificio por donde suelen brotar las iras y las rabias, sabiendo que las desventuras de los demás siempre venden e interesan al hambriento espectador. ¡El público quiere carne! Y caminando entre lo basto y lo vulgar se revuelcan en la charca que lleva a la sabiduría del saber de las vidas ajenas y haciendo el camino más corto del sinsentido y cosa absurda.

Personajes de dudoso interés peregrinan por el valle de el éxito superficial, contando sus penurias y necesidades afectivas que suelen ser manifiesto e interés de todos. Y donde parece que a veces, la televisión puede ser el mejor lugar donde esconderse.
Los presentadores inquisidores se encargan de hacer el resto poniendo los dedos en las llagas, riéndose por dentro con infinito cinismo. Mientras los contertulios, cooperadores necesarios de este ejercicio público y solemne, hacen espectáculo de mala saña y cruel furor. Y que suelen utilizar como virtud y vigor todo tipo de tretas y engaños para Infectar las abiertas heridas de las que también se benefician. Todo lo contado se amplifica y aumenta al trote de una falsa imagen, desarrollando un interés desmedido y exagerado. Desde el anfiteatro, entre el público, se oyen voces tumultuosas pidiendo procesos y linchamientos. Y lo más importante; sus tele espectadores en la distancia, que desde el cómodo sofá de sus hogares son testigos comprometidos para esta ceremonia de penas y castigos, de juicios sin jurado. Que como un órgano colectivo dictan y sentencian para luego hacer ellos mismos de verdugos.
-¡Andreita cómete el pollo, coño!- de Belén Esteban, no es frase más diferente que la de; “No hay nada nuevo bajo el sol “- de Lord Byron-, aquél poeta inglés que vivía amargado profundamente. Porque tanto el uno como el otro pueden crear tendencias y reflexiones que influyan en la audiencia -guardando las distancias, claro-. Y cada cual en esta vida discurre con las neuronas que la naturaleza le ha dado.

Gran fábrica de faranduleros y títeres manejados por hilos de los que mandan de verdad en las televisiones, contando hazañas de alcoba e historias surrealistas de envidias y frustraciones. Y que sin conocérseles virtud para el oficio ni habilidad para el beneficio, ingresan en sus haberes tributos nada despreciables cuando se apagan las luces de el apesadumbrado espectáculo. Y con la conciencia tranquila, porque el hambre no perdona y la vida empuja en tiempos de crisis.

¡Yo por mi hija mato! La gente ya no mata por ideas ni utopías filantrópicas, sino por causas propias de dudoso honor y doble moralidad. Donde de lo honesto no se suele hacer virtud, ni la reputación importa más que el vil metal a ingresar. Atrás quedaron los ideales y las nobles convicciones para dar paso a unas tragicomedias barriobajeras y de muy baja calaña. Muy lejos de la traicionera e incestuosa historia de la Dinamarca de Hamlet. ¡Eso si que eran tragedias!

A la cazuela van los unos y los otros, mientras unos pocos avivan las llamas de la caldera de los platós para que siga hirbiendo el puchero. Todo mezclado y agitado, diluidos los ingredientes de la mezquindad y roñería, haciéndolo plato principal de la gula de ver desdichas ajenas para anular las suyas propias.
El sinsentido se apodera de los hambrientos espectadores, y un histerismo colectivo flota en el aire. Y como el diablo lo hace con en el alma del creyente, penetrando en el cuerpo con facilidad y comodidad para entrar en un estado de trance y momento místico. Donde gritos y berridos, insultos y descalificaciones hacen el resto. Y el espectador, que es el comensal de este buffette de canibalismo social, que como una ceremonia trivial alimenta su gula, es partícipe inconsciente de este banquete visceral, sobrepasando lo irracional para acabar comiendo todos en la misma mesa donde se dan encuentro.

También llaman glamour a lo de Belén Esteban, que se nutre de contar conflictos y desgraciadas situaciones personales, algunas ya pasadas y lejos en el tiempo, para llenar la soledad del ama de casa que se siente más aliviada de sus propias penas de su vida cotidiana. Actuando como una purga, donde se expulsan los males de la falta de ciencia. Y la Esteban, viviendo de las rentas que puede dar una niña que vá de aquí para allá, asenderada y sin dirección determinada entre bautizos bodas y comuniones. Pero un día la niña se hará mujer, y dejará una estela de martirios y tormentos que le persiguieron en su infancia, echando en cara tanta fama y torpeza de su cultivada progenitora y hembra que la parió.
Verdades y mentiras se seguirán mezclando en estos programas, agregándose e incorporándose personajes dispuestos a deambular en el lado más oscuro de las mentes confundidas. Porque en el fondo, qué más da si es Belén Esteban o cualquiera que esté dispuesto a vender su alma al mejor postor. Pues otro ocupará su lugar. Ya decía Thomas Hobbes, en el siglo XVII ;“El hombre es un lobo para el propio hombre, y muchos que parecen carneros, son lobos carniceros.” La ignorancia se cura con la educación y el uso del intelecto. A la madurez se suele llegar con el andar de los años. El trabajo realiza y se desarrolla con nuestro esfuerzo. Pero la estupidez…,¡ es para siempre!

“Algo huele a podrido en las televisiones”. Si Shakesperare levantara la cabeza… ¡Arriba la Esteban!, ¡qué coño!
Sergio Farras, (escritor tremendista)

martes, 3 de marzo de 2009

SERGIO FARRAS SE DESPIDE DE PEPE RUBIANES

Tristemente amaneció el pasado domingo, porque Pepe Rubianes estaba preparando la maleta para su partida. Con poco equipaje para tan inesperado viaje. Pepe se fue como quiso marcharse, discretamente y bajo el mando de el silencio, sin llamar mucho la atención. Viajar fue su media vida, y la otra media la dedicó a nosotros tratando a la ironía con filtrante sensibilidad en los escenarios.

Su pícara y canalla sonrisa, su ácida y saludable ironía rozaba las almas destempladas de los que nos gusta el placer de ser hechizados por el ingenio y el talento sentados en la butaca de un teatro. Rebelde por muchas causas, humanista comprometido, siempre le preocupó el que no tenía y llegó a despreciar al necio y al ostentoso, al que se las daba de soberbio, al fascista de turno, al listillo y al chivato con cara de mamón.

Su estatus de "Galaico-Catalán", - que así le gustaba definirse cuando arrancaba a contar su vida-, con la fuerza y las ganas que tiene el agua del río para salir a la mar. Las mujeres su debilidad, viajar su pasión desmedida para un corazón sincero afanado en mezclarlo con otras culturas. Contar historias vestido de calle en un escenario de fondo vacío y apático, no es fácil, y de ello hizo su más destacada virtud. Jamás escondió su compromiso ideológico e idealista, y de los políticos poco se fiaba, probablemente hacía bien. Su último proyecto, la Sonrisa Etíope ha quedado desamparado y huerfano de padre.

Se rió de la vida y todos reímos con él. Vivió como quiso vivir; libre, soltero y fornicando cuando quería y las circuntancias se lo permitían. Era capaz de hacer un arte ocurrente el pronunciar tacos y, de las palabras soeces convertirlas en sonetos y cuartetos como cuando el poeta hace poesía entre suspiros. Licenciado en filosofía y letras, pocos fueron los que lo vieron como un pensador como Platón, cómo Descartes, como Epicuro... Ya se dice, que uno no estudia filosofía sólo para aprender como pensaban los demás, sino para aprender a pensar por sí mismo. Más que aprender filosofía se aprende a filosofar. Y Pepe lo hizo muy bien, porque con su destreza y verborrea nos mandaba mensajes subliminales en sus obras de teatro, con sus agudas y chispadas dosis de gran humor. De su boca salieron mil mentiras y mil verdades de esta obra de teatro que es la vida.

Residió en el barrio de la Baceloneta, que es morada de pescadores, y eso le enriqueció humanamente porque siempre vivió rodeado de gentes de bién, gentes vistas casi a diario. Jamás se sintió "Divo" ni tampoco famoso desmedido, y a todos nos enseñó que la humildad, la rebeldía, el cinismo, y la ironía son unas habilidades que trataba con acierto y destreza. Con Dios, tenía su relación especial, y si este existe, se lo pasará en grande en el reino de los cielos., donde Pepe contará sus ingeniosas historias y todos los ángeles se reirán y se lo pasarán la mar de bien.

El que esto escribe admira a muchas personas de las letras, del teatro, de la música, de la poesía, de la literatura... Ahora bien, si hay un cielo, -que Pepe no lo tenía muy claro-, le estará dando la bienvenida Adolfo Marsillachs que hace años que anda por ahí, como anfitrión de las almas del espectáculo recibiéndolas de primera instancia para tranquilizarlos. ¡Vaya par de dos! Grandes momentos de simbiosis vivirán en la eternidad porque siempre estarán entre nosotros. Pepe decía: Si algún día he de "irme", que sea por la puerta de atrás. Da lo mismo por donde uno salga, si por la puerta o por la ventana. Porque Pepe igual está viajando hacia el limbo siendo "no materia", átomos del "no ser", y como él decía: el átomo engorda porque tiene mucho nervio.

Lo que nos entristece Pepe, es que nos dejas antes de lo previsto. Pero te lo respetamos, pues toda la vida has hecho lo que has querido, hasta para esto que es cosa seria no has vacilado a la hora de marchar, pues nunca supiste fingir ni simular engaño.

Todos debemos de aprender de lo que nos has dejado en herencia, tu talento y facultad para el ingenio. Los que de momento nos quedamos por aquí, con no poco dolor en el corazón, sabemos que algún día patiremos como tú. Tristes estamos, eso es verdad, pero no más de lo normal sabiendo que tu canalla sonrisa permanecerá siempre viva, y será visible como un cometa avistado desde Barcelona hasta Etiopía... y todos sonreiremos cada vez que miremos hacia el cielo. La función no acaba más que empezar... cuanta locura por un guanomaní.... por un guanomaní..., no penseis que hay un último monólogo, la función no acabará y debe de continuar... porque en el fondo, Pepe era un dramaturgo entregado a un público mezclado y casi siempre entregado y sorprendido.

Estoy seguro de que a Pepe le gustará que no le lloremos en exceso, y que mostremos la mejor de nuestra sonrisa en cualquier taberna, esa sonrisa que no llevamos dibujada en la cara, sino en el alma y en el corazón. No hay mejor responsor que el que uno hace en vida. Abiertas las puertas de el alma tendremos, no nos importa quien vendrá, sino quien se fue.

PD
El que suscribe, se "niega" a pronunciar la palabra muerte en este escrito. Es mi admiración y respeto para un filósofo monologista contemporáneo. Porque los filósofos... nunca mueren.

Sergio Farras (escitor tremendista)