Tristemente amaneció el pasado domingo, porque Pepe Rubianes estaba preparando la maleta para su partida. Con poco equipaje para tan inesperado viaje. Pepe se fue como quiso marcharse, discretamente y bajo el mando de el silencio, sin llamar mucho la atención. Viajar fue su media vida, y la otra media la dedicó a nosotros tratando a la ironía con filtrante sensibilidad en los escenarios.
Su pícara y canalla sonrisa, su ácida y saludable ironía rozaba las almas destempladas de los que nos gusta el placer de ser hechizados por el ingenio y el talento sentados en la butaca de un teatro. Rebelde por muchas causas, humanista comprometido, siempre le preocupó el que no tenía y llegó a despreciar al necio y al ostentoso, al que se las daba de soberbio, al fascista de turno, al listillo y al chivato con cara de mamón.
Su estatus de "Galaico-Catalán", - que así le gustaba definirse cuando arrancaba a contar su vida-, con la fuerza y las ganas que tiene el agua del río para salir a la mar. Las mujeres su debilidad, viajar su pasión desmedida para un corazón sincero afanado en mezclarlo con otras culturas. Contar historias vestido de calle en un escenario de fondo vacío y apático, no es fácil, y de ello hizo su más destacada virtud. Jamás escondió su compromiso ideológico e idealista, y de los políticos poco se fiaba, probablemente hacía bien. Su último proyecto, la Sonrisa Etíope ha quedado desamparado y huerfano de padre.
Se rió de la vida y todos reímos con él. Vivió como quiso vivir; libre, soltero y fornicando cuando quería y las circuntancias se lo permitían. Era capaz de hacer un arte ocurrente el pronunciar tacos y, de las palabras soeces convertirlas en sonetos y cuartetos como cuando el poeta hace poesía entre suspiros. Licenciado en filosofía y letras, pocos fueron los que lo vieron como un pensador como Platón, cómo Descartes, como Epicuro... Ya se dice, que uno no estudia filosofía sólo para aprender como pensaban los demás, sino para aprender a pensar por sí mismo. Más que aprender filosofía se aprende a filosofar. Y Pepe lo hizo muy bien, porque con su destreza y verborrea nos mandaba mensajes subliminales en sus obras de teatro, con sus agudas y chispadas dosis de gran humor. De su boca salieron mil mentiras y mil verdades de esta obra de teatro que es la vida.
Residió en el barrio de la Baceloneta, que es morada de pescadores, y eso le enriqueció humanamente porque siempre vivió rodeado de gentes de bién, gentes vistas casi a diario. Jamás se sintió "Divo" ni tampoco famoso desmedido, y a todos nos enseñó que la humildad, la rebeldía, el cinismo, y la ironía son unas habilidades que trataba con acierto y destreza. Con Dios, tenía su relación especial, y si este existe, se lo pasará en grande en el reino de los cielos., donde Pepe contará sus ingeniosas historias y todos los ángeles se reirán y se lo pasarán la mar de bien.
El que esto escribe admira a muchas personas de las letras, del teatro, de la música, de la poesía, de la literatura... Ahora bien, si hay un cielo, -que Pepe no lo tenía muy claro-, le estará dando la bienvenida Adolfo Marsillachs que hace años que anda por ahí, como anfitrión de las almas del espectáculo recibiéndolas de primera instancia para tranquilizarlos. ¡Vaya par de dos! Grandes momentos de simbiosis vivirán en la eternidad porque siempre estarán entre nosotros. Pepe decía: Si algún día he de "irme", que sea por la puerta de atrás. Da lo mismo por donde uno salga, si por la puerta o por la ventana. Porque Pepe igual está viajando hacia el limbo siendo "no materia", átomos del "no ser", y como él decía: el átomo engorda porque tiene mucho nervio.
Lo que nos entristece Pepe, es que nos dejas antes de lo previsto. Pero te lo respetamos, pues toda la vida has hecho lo que has querido, hasta para esto que es cosa seria no has vacilado a la hora de marchar, pues nunca supiste fingir ni simular engaño.
Todos debemos de aprender de lo que nos has dejado en herencia, tu talento y facultad para el ingenio. Los que de momento nos quedamos por aquí, con no poco dolor en el corazón, sabemos que algún día patiremos como tú. Tristes estamos, eso es verdad, pero no más de lo normal sabiendo que tu canalla sonrisa permanecerá siempre viva, y será visible como un cometa avistado desde Barcelona hasta Etiopía... y todos sonreiremos cada vez que miremos hacia el cielo. La función no acaba más que empezar... cuanta locura por un guanomaní.... por un guanomaní..., no penseis que hay un último monólogo, la función no acabará y debe de continuar... porque en el fondo, Pepe era un dramaturgo entregado a un público mezclado y casi siempre entregado y sorprendido.
Estoy seguro de que a Pepe le gustará que no le lloremos en exceso, y que mostremos la mejor de nuestra sonrisa en cualquier taberna, esa sonrisa que no llevamos dibujada en la cara, sino en el alma y en el corazón. No hay mejor responsor que el que uno hace en vida. Abiertas las puertas de el alma tendremos, no nos importa quien vendrá, sino quien se fue.
PD
El que suscribe, se "niega" a pronunciar la palabra muerte en este escrito. Es mi admiración y respeto para un filósofo monologista contemporáneo. Porque los filósofos... nunca mueren.
Sergio Farras (escitor tremendista)
martes, 3 de marzo de 2009
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